¡¡QUÉ BONITO VIVIR EN PAREJA!!


ParejaCuando impartimos talleres sobre resolución de conflictos es habitual hablar de que todos tenemos conflictos en la vida, a lo que el auditorio suele asentir de manera silenciosa. Y cuando enumeramos las personas con las que tenemos conflictos (familia, jefes, hijos, vecinos….) aparecen sonrisillas cómplices que nos indican que vamos por buen camino. Aunque la mayor muestra de asentimiento suele venir al nombrar la relación del millón….LA PAREJA.

Presente o pasada, consolidada o eventual, en cualquiera de sus posibles orientaciones, sea como fuere el ámbito de la pareja, es uno en el que suelen aparecer conflictos. No me atrevo a asegurar si más o menos que en otros ámbitos, si de mayor o menor gravedad que otros de los ejemplos, ni siquiera si los resolvemos mejor o peor que otros que se nos planteen. Lo que sí es cierto es que somos conscientes de que se producen conflictos.

En nuestro trabajo como Solver iniciamos andadura acercándonos a esta realidad en el punto final de la relación de pareja: la separación o el divorcio. Y en un momento nos pareció interesante abordar cuestiones previas que podían hacer un acompañamiento diferente a esta relación: la terapia. Vaya por delante que no siempre la solución terapéutica a estos conflictos hace que siga adelante la pareja como tal, aunque sí permite afrontar posibles rupturas de manera diversa. Y mientras estamos en el proceso terapeútico, vemos que hay algunos signos que evidencia que las relaciones están en “crisis”.

En el proceso de acompañamiento a parejas nos encontramos rupturas de confianza mutua provocadas normalmente por una deficiente comunicación sobre las necesidades propias al otro, falta de espacio propio como pareja en favor de los hijos, el trabajo, la familia extensa… reducción considerable de la “complicidad” necesaria para mantener muchas veces nuestro frenético ritmo de vida, esperar que el otro cambie sin estar dispuestos a acompañar de alguna manera este proceso de cambio…en resumen, “dejar en segundo plano a la pareja en todo aquello que aporta la vida en pareja”.

No es nuestro estilo dar soluciones, pues cada uno tiene las suyas que le funcionan perfectamente, y las parejas también las tienen. Simplemente lanzamos el “reto” de revisar en qué lugar de mi vida está nuestra vida de pareja. No se trata de cantidad, sino de tener vida como tal, sin agregados. Ese mini abrazo de oso al llegar a casa; ese ¿qué tal tu día?; ese “anda no me riñas, que llevo un día…”; ese café para comentar una tontería (habiendo acordado no aprovechar para hacer el menú de la semana u organizar las vacaciones) hace que la estructura de la pareja permanezca “fuerte frente a las adversidades”. Como no tenemos bola de cristal no sabemos si eso servirá para que se mantenga “hasta que la muerte nos separe”, aunque sí servirá para que sea relación de pareja mientras seamos pareja. ¡¡¡Ahí es ná!!!

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