UNA PANDEMIA PARA EL CAMBIO 2


La alegoría de las cucharas largas [Denizcan Yuzgul]

La alegoría de las cucharas largas [Denizcan Yuzgul]

De toda el aluvión de reflexiones, pensamientos, sentimientos compartidos en estos “días del coronavirus” muchos transmiten la esperanza de que las cosas van a cambiar a mejor, que daremos más importancia a lo importante, que nos abrazaremos más, que cuidaremos más la naturaleza y que socialmente saldremos reforzados…, casi los mismos que reflejan un total escepticismo, incluso pesimismo, sobre la posibilidad de ese cambio.

¿Quién está en lo cierto? Pues, como bien sabemos en mediación, no dejan de ser dos construcciones parciales, eligiendo elementos ciertos de forma subjetiva. Ambas cosas pueden ocurrir. Razón para el optimismo es recordar lo que los mediadores repetimos mucho: “sólo al entrar en conflicto con las estructuras injustas y con aquellas personas que las mantienen, la sociedad puede avanzar hacia modelos mejores”. Pero dependiendo de cómo gestionemos la situación, los resultados serán sin duda diferentes, y ahí viene el peligro: no habrá cambio si seguimos haciendo las cosas del mismo modo.

La tarea no es fácil, pero podríamos empezar por cambiar cosas que no ayudan y que tenemos muy arraigadas en nuestro comportamiento social, también -cómo no- en estos días: no ayudan los juicios hacia los OTROS basados en generalizaciones, estereotipos, falta de información y prejuicios:

  • Los médicos y personal sanitarios son unos héroes, lo dan todo por los demás….
  • Los políticos nos engañan, son unos sinvergüenzas…….
  • Los científicos son…., los empresarios…. los trabajadores….., los inmigrante…., los funcionarios…, los artistas…, los empleados de la limpieza…, los cajeros de super…, las fuerzas y cuerpos de seguridad…, los chinos…, los jueces…., los hombres…, las mujeres…., los niños…, los mayores…., los que aplauden en la ventana…, los que no aplauden…..

Posiblemente en estos días todos hemos sido blanco y dardo de algún juicio. Juicios que se propagan  tan rápidamente como el virus, también son muy dañinos, profundamente injustos y muy peligrosos si dejamos que dirijan nuestra forma de pensar y de actuar.

Yo me pregunto: ¿las personas son valiosas por la profesión que ejercen?, ¿a quién elegiría para la sociedad en la que me gustaría vivir?, de todos los que han ido levantando la mano para que les aplaudamos desde nuestras ventanas ¿quiénes son los más necesarios? Y la única pregunta a la que realmente es útil responder ¿yo quién quiero ser en ese nuevo escenario?

Todos los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor; elegir la mejor versión de nosotros mismos no va ligado a la profesión que ejercemos, ni al género, la raza, la religión….., sino a nuestra actitud, a la ética con la que dirigimos nuestras acciones, a lo capaces que somos de contribuir, de construir y de cooperar en los intereses generales sin dejar de ocuparnos también de los nuestros, que en lo básico nunca son muy diferentes. ¿No me creéis? os invito a disfrutar de este vídeo de Denizcan Yuzgul sobre la antigua Alegoría de las Cucharas Largas.

Así trabajamos en mediación: primero desmontando obstáculos (entre ello los prejuicios), después generando confianza, legitimando a las personas para poder contar con sus mejores actitudes, y finalmente buscando soluciones desde la cooperación y la solidaridad. Os aseguro que funciona y que todas las personas, hasta en las situaciones más complicadas, salen ganando.

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