¡¡QUEREMOS PAREJAS EN PAZ!!


Hoy, 25 de noviembre, dedicamos este espacio a sumarnos a la conmemoración anual del  Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer que se viene celebrando, desde 1981, todos los 25/11, declarando nuestra apuesta decidida por conseguir “parejas y familias en paz”.

Esta apuesta nos hace estar especialmente alineadas en la erradicación de cualquier tipo de violencia y especialmente la que se da en el ámbito de la familia. La tolerancia social hacia la violencia es cada vez menor, al menos a nivel teórico, sin embargo la realidad nos muestra que no son pocos los casos de maltrato entre miembros de la familia y especialmente preocupante el aumento de la violencia filoparental (la ejercida por los hijos e hijas hacia sus progenitores). Todas estas conductas son merecedoras de análisis, estudio y consideración a la hora de asignarles consecuencias y también para diseñar políticas que permitan prevenirlas y erradicarlas. Sin embargo, solo las citamos aquí para diferenciarlas de la que hoy nos ocupa: la violencia de género.

Hay otros términos que se utilizan para referirse a esta realidad, como violencia sobre la mujer o violencia machista, entendida como “todo acto violento basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como privada” (Definición de la Naciones Unidas, Resolución de la Asamblea General 48/104, de 20 de diciembre de 1993).

En el ámbito familiar la manifestación de esta conducta es la violencia ejercida por algunos hombres sobre sus parejas o exparejas en el marco de unas relaciones asimétricas. Es una conducta deliberada, basado en la creencia errónea de la superioridad del hombre sobre la mujer. En este contexto, la violencia se convierte en la herramienta para mantener el poder y el control. Esta idea machista y patriarcal es lo que caracteriza la violencia de género y la distingue de las demás que se ejercen en el ámbito familiar. Es importante tenerlo en cuenta porque cualquier medida a largo plazo y eficaz para luchar contra esta lacra social deberá ir dirigida a fomentar la igualdad en derechos y dignidad, de respeto y valor de la diferencia y de convivencia cooperativa y pacífica entre hombres y mujeres.

¿Por qué merece este tema una consideración especial? Los datos nos alertan sobre el sufrimiento y las graves consecuencias que la violencia sobre la mujer llega a generar. Recogemos sólo algunos de ellos:

– Según el Informe Mundial sobre Violencia y Salud de la OMS “la violencia de género es la primera causa de pérdida de vida entre mujeres de 15 a 44 años, por encima de las guerras, los accidentes de tráfico o los distintos tipo de cáncer”.

– Las cifras suministradas por la Delegación de Gobierno para la Violencia de Género también son alarmantes: En 2019, hasta el 4 de noviembre, 51 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas; 43 niños menores de 18 años quedaron huérfanos como consecuencia de las agresiones.

Es cierto que partir de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género se están poniendo recursos y se están tomando medidas para luchar contra esta lacra, pero la realidad quizás está pidiendo más análisis, más eficacia y más recursos.

Ya comentábamos en una entrada de nuestro blog en el año 2015 que desde la Mediación no podemos intervenir en estos casos, no solo porque la ley expresamente lo prohíbe, sino porque son muchos los elementos necesarios que aquí no se dan [nos remitimos al contenido de aquella entrada que, cuatro años después, suscribimos íntegramente].

Sin embargo, no podemos obviar otro dato importante y que merece nuestra reflexión: muchos de los episodios de violencia se producen en los momentos de ruptura. Es cierto que en algunas parejas la violencia no se hace presente hasta que no hay una voluntad clara de separación y en ocasiones se les aplican medidas y procesos que lo que generar es crispación, escalada de la ira y recrudecimiento de las posturas enfrentadas. Aquí sí que la mediación puede aportar un entorno adecuado para transitar mejor por el proceso de ruptura. La mediación nos permite generar un espacio de confianza más pacífico, en el que las partes se sientan reconocidas; nos permite prestar atención a la gestión de las emociones, enfocar en el futuro, en las necesidades de todos los miembros de la familia, especialmente de los hijos, y en el roll de padre y madre que continúa tras la separación.

Alertando sobre la necesidad de no bajar la guardia en contra de la violencia de género, apostamos firmemente por un diagnóstico adecuado de la situación familiar y una orientación profesional hacia los recursos y las herramientas más eficaces, sin olvidar que la mediación puede ser una de ellas. Para eso hacen falta profesionales formados, trabajo interdisciplinar y una apuesta decidida por el bienestar de las personas y la paz social.

Seguimos en la lucha pacífica!!!

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